Estamos, en este instante,de tal manera que nos han llevado decisión e ignorancia a puntos sin retorno, y puede también que, sin salvación.
Porque es cierto, al menos en mí, que todos nuestros movimientos no son más que un baile, mucha improvisación y algo de aprendido. Tantos problemas nos invaden y, el que nos lleva a tales puntos son los que todos ante ellos caemos, a los que se repiten. Es que , ¿tenemos a caso que repetirlos incontables veces para poder así aprender de ellos? ¿Olvidamos algún detalle sucedido en su transcurso que, en ese instante es cuando volvemos a caer ante él? ¿Sabemos lo que hay que hacer pero, por equis razones no lo rectificamos para no volver a chocar? ¿Por qué? ¿Por qué? Digo yo, si ya conocemos las consecuencias, y esas sí que las nombramos y recordamos con demasiada frecuencia. Somos tan absurdos que buscamos incluso problemas donde no los hay, donde no debieran o nunca hubo. Rompemos cada halo de paz, cada suspiro de satisfacción, lo convertimos en fracaso. Quizá debemos buscarle una respuesta a todo, y cuando la tenemos, intentamos completarla, rebatirla, ahogarla. Nos engañamos. Decidimos y cuanto más aprendemos, más conocemos, menos hacemos, más ignoramos.
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